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     E l   r e g r e s o   d e l    " G r a n   C a p i t á n "     

Travesía Mesopotámica

> Tercera parte: Basavilbaso-Chajarí e ingreso a Corrientes

Texto y fotos: Fede Pallés -  En esta sección, fotos de Marcelo Soto

(El siguiente relato fue escrito y editado entre noviembre y diciembre de 2003 - No posee modificaciones desde entonces)


El Gran Capitán, tras su marcha auspiciosa por los pueblos del sur entrerriano, al fin se acercaba a una de las localidad mas importantes del recorrido. Claro que no me refiero a Gilbert (km. 310,6), estación abandonada que pasamos a las 18:24. Hablo, en realidad, de la gran capital ferroviaria nacional: BASAVILBASO, o como la llaman los lugareños "Baso", distante 330,7 kilómetros de Lacroze.

 

 

No puedo explicar lo gratificante que fue llegar a Basavilbaso a bordo de un tren de larga distancia. Francamente, esto nunca lo imaginé... Así fue como a las 19:00 nos detuvimos sobre el andén, colmado de gente. Miles de personas que, fielmente, se acercaron con el único objetivo de recibir con los brazos abiertos al querido Gran Capitán... ese que estuvo preso una década en algún galpón de Paraná.


"Es para Menem que lo mira por TV", se escuchaba cantar con euforia a un cuantioso numero de vecinos, letra que acompañé con gusto. De a poco fui reconociendo cardinalmente el predio de Basavilbaso, y pronto reconocí las vías y aleros que había visto en algún viejo video ferroviario. Inmediatamente, al advertir la presencia de unas lindas chicas oriundas del lugar, saqué esta foto... Un hermoso recuerdo de "Baso".

 

 

Con Marcelo nos pusimos a caminar por el andén isla, desde donde pudimos ver a la formación del "local", que hace el trayecto a Villaguay Central. Este pequeño tren (GE U-13-C 6975 + P1137 + CT1597) estaba estacionado en la playa, tras haber cumplido con su tarea diaria. Mientras tanto, Fer hacía malabares con su nota para poder enviarla de alguna forma a la redacción de La Nación, antes de que cerrase la edición. Terminó utilizando las computadoras de ALL, que tenían conexión a Internet.


Una muchacha de un pueblo cercano (Va. Mantero) que se había arrimado a "Baso" nos contó lo exitoso que fue el nuevo trencito a Villaguay, ya que todos los días se colmaba de pasajeros. El motivo es indiscutible: cualquier micro cobra $10 por el trayecto, transitando caminos muy malos. En cambio, el tren cuesta $1 y es más rápido.


A las corridas fui un par de cuadras a comprar un rollo de fotos, ya que no podía esperar hasta Concordia... ¡No quiero imaginarme si no conseguía!. Una vez con el preciado elemento en la mano, regresé por el paso a nivel que une los tres ramales: el que va a Paraná (izquierda), el que sigue a Villaguay (centro) y el que va a Concepción del Uruguay (derecha). Hasta principios de los 90, los coches Fíat 7131 se encargaban de cubrir estos sectores ágilmente.


El Gran Capitán se demoró mas de lo previsto: se rumoreaba con preocupación que los 15 minutos que debía durar la parada se convertirían en una hora y media. En las oficinas de la estación era todo puro nervios y gritos entre la gente de TEA y los responsables de ALL. ¿El motivo? Teníamos que esperar una cruzada con un carguero de ALL que apareció recién a las 20:26, con un dúplex de universales: 6946 + 2 chatas + 6965 + 2 chatas + 5 chatas con maderas + 6941 (muerta) + 3 cerrados + 2 chatas con maquinaria agrícola + 9 PC + 15 chatas + 30 cerrados borde bajo.


En la vía auxiliar, del lado del edificio de la estación, vimos además los coches CT 1591 y P 1146. Estos están afectados al servicio local de ALL.

 

    Y sigue la travesía entrerriana...   

 

Después de la larga estadía en "Baso", partimos a las 20:42, acompañados por el aplauso y los gritos del pueblo ferroviario que, de no tener nada, en un mes festejó el regreso de dos trenes de pasajeros... Insólito, ¿no?.


A buen ritmo, hicimos el siguiente itinerario por las estaciones ya servidas por el nuevo tren local:


- Líbaros (km. 344,6) - 21:05.
- Gobernado Urquiza (km. 354,3) - 21:19.
- Las Moscas (km. 364,9) - 21:34.


En todas ellas nos encontramos con un publico entusiasmado, con más energía de la que imaginaba. Fíjense que al pasar el Paraná, cambiamos de clima, flora, fauna pero, además, nos encontramos con una población más latina, y mucho más suelta. También los nombres de las estaciones denotan un cambio cultural bien marcado con otras regiones argentinas. Realmente, sentía que estábamos en Brasil o en Uruguay. Fue algo insólito, para mí por lo menos, que no conocía la región mesopotámica.

 

(Sibila Camps -CLARIN-, Fede Pallés -SAT- y Fer Halperín -LA NACION- sobre el S 1579. Foto: Marcelo Soto)

 

El Gran Capitán de FA no se detenía en estos pequeños pueblos, pero si lo hacía en Villaguay Este (km. 387,2), estación a la que llegamos 22:11 hs. Antes de ingresar al andén, se desprende la vía a Villaguay Central, por la cual ingresa diariamente el tren de ALL con su Universal y par de coches.


"Villaguay Este" está en curva y estacionarse en ella implica quedar con el tren comprometidamente inclinado hacia el lado derecho, por el pronunciado peralte... ¡¡Me parece que no hacia falta tanto peralte muchachos!!. Fue todo bromas y risas -y algunas caras preocupadas de novatos- dentro del tren graciosamente torcido.


A esta altura del viaje, las empanadas ya estaban listas en el comedor. Y qué mejor que aprovechar la parada para saciar el hambre. Porque, claro, con la emoción del viaje uno no se da cuanta y se olvida de comer, tomar agua, etcétera... ¡Hasta que, de pronto, tomás conciencia de que hay que seguir viviendo!.


A los diez minutos de haber llegado a la estación peraltada, partimos hacia el noreste, ya en dirección a Concordia. Junto con Fer Halperín, Sibila Camps (Clarín) y su fotógrafa, nos deleitamos en la mesa 4 con las exquisitas empanadas que las azafatas habían amasado a bordo.


Ya era de noche y el hermetismo y la luminosidad del RA apenas permitía saber qué ocurría afuera, aunque en cada estación los aplausos y gritos lograban penetrar en el coche. El itinerario siguió de la siguiente manera:


- Clara (km. 405) - 22:44. 
- Jubileo (km. 425,6) - 23:13
- San Salvador (km. 442,6) - 23:33
- General Campos (km. 457,8) - de 00:00 a 00:09
- Yerúa (km. 472,6) - 00:27 
- Yuquerí (km. 489,9) - 01:51


En este largo tramo de pequeñas poblaciones, fuimos recibidos con gritos de conmoción, aplausos, cohetes, y con todo lo que se pueda usar como para festejar un evento de importancia. "Bienvenido Gran Capitán" rezaban incontables banderas pintadas a mano, con esperanza elocuente.


Ya en el último coche podíamos pasar por el alero principal en velocidad. Allí nos despedíamos a los gritos con los pobladores que fielmente aguardaban la partida del Gran Capitán, siempre luchando contra el personal de seguridad del tren que nos retaba cada vez que sacábamos medio cuerpo por la ventanilla para festejar con los lugareños.


En lugares como San Salvador o General Campos (en donde el original Gran Capitán se detenía), se había agolpado gente a más no poder. Cada pueblo fue una fiesta... Había música. En algunos casos bandas militares o de bomberos, fuegos artificiales y cualquier implemento imaginable que sirviera para festejar. Así dimos comienzo al nuevo día. Pero la gran fiesta nos esperaba unas leguas mas adelante...


Gracias a la oscuridad que reinaba el S 1579 (se había cortado la luz por un desperfecto en el generador del RA), vimos a lo lejos la estela luminosa que anuncian en el cielo la cercanía de las grandes ciudades. Sentí el mismo cosquilleo que antes de cruzar los puentes de Zárate...

 


    CONCORDIA CENTRAL   

Pronto atravesamos un puente jaula y doblamos vertiginosamente hacia la izquierda en una curva muy larga, que nos metió en el centro de Concordia. Lo que entonces vieron mis ojos es difícil de explicar: miles de personas, aún en pasos a nivel lejanos a la estación, con antorchas y banderas argentinas recibiendo eufóricamente nuestro tren... A su lado pasábamos raudamente, entre saludos y gritos eufóricos. Era difícil contener las lagrimas... La gente de Concordia, ciudad castigada con el mayor índice de desocupación del país, quiso expresar como pudo su señal de apoyo a la vuelta del tren, de una forma muy original. Con fuego, tal vez para subsanar el frío que hacia en esta increíble madrugada de primavera.


Así, llegamos a la estación, a 501 kilómetros de Lacroze, en una noche sin precedentes. El Gran Capitán era como la estrella de rock que visitaba una ciudad. Nadie se lo quiso perder. No importó el frío ni la hora.


Acompañados por un bocinazo de vaporera que sonaba desde el taller, nos detuvimos en el andén, que reventaba de gente. Era la 01:11 y nos encontrábamos, por fin, en una de las ciudades más importantes de Entre Ríos, ¡¡¡rodeados por unas 12.000 personas!!!


Con tanto alboroto, mucho no pudimos hacer. Recién cerca de las 02:30, cuando todo se despejó, salimos a aprovisionarnos de algunos víveres a la estación de servicio más céntrica. La gente de la ciudad nos recomendó ir en taxi, ya que la zona se volvió algo insegura en estos últimos tiempos. Mi viaje en taxi fue doble, ya que me olvidé en el kiosco la campera, y no me quería morir de frío toda la noche. Finalmente, la perdí de nuevo cuando bajé del taxi, pero la recuperé al día siguiente.


Una vez acomodados en la oscuridad de nuestro querido coche, junto a Maxi, Javier y Daniel (los platenses), rompimos el silencio y le cantamos el feliz cumpleaños a Marcelo Soto, que tenía el honor de festejarlo 500 kilómetros al noreste de la capital, a bordo de un tren de larga distancia.


Finalmente, con el sonido de fondo de las U-13 probando sus diesel en el taller, nos dormimos cada uno en un asiento triple, para reponer energías. Detrás de la persiana metálica, observé como última postal de la noche, el esqueleto de la 7917, totalmente destruida por un accidente. Y pensar que Fer me venía hablando de esa maquina "a ver si la veíamos en la línea", y así fue que apareció, pero no de la forma que hubiésemos querido.

 


 

    El último tramo entrerriano...   

 

El tren partió de Concordia a las 05:45 del nuevo día. Aún en la fría madrugada -me contaron... jé, yo iba re dormido...- la gente saludaba al Gran Capitán en las estaciones.


El itinerario en esta ocasión lo anotó Marcelo:


- O. Mangasco (km. 515) - 06:07
- La Criolla (km. 522,4) - 06:15
- Isthilart (km. 539,2) - 06:34
- Federación (km.556,1) - 06:55
- Santa Ana (km. 574) - 07:24


Todas estas paradas y estaciones son del tipo "monoblock", ya que corresponden a una traza relativamente nueva, construida luego de la creación de la Represa Salto Grande, cuyas aguas invadieron el ramal original (corre varios kilómetros a nuestra derecha en dirección a Misiones). En épocas de aguas bajas, aún puede verse la vieja traza.


Desperté pasando por una de esas extrañas estaciones, y vi con extrañeza el nuevo paisaje, mucho más ondulado, arenosos y desértico. Confundido y solo en el coche, partí al comedor, en donde encontré a los chicos desayunando. Les pedí por favor que me orientaran en dónde estábamos y qué hora era, ya que me había pasado de sueño. Por suerte, Marcelo me "afanó" el cuaderno y tomó nota de las estaciones que pasamos, notando -con razón- que yo no tenía intenciones de levantarme antes.

 

    Chajarí, a orillas de Corrientes...   

 

Vale la pena aclarar que desde la estación La Criolla empieza la vía mala, que nos acompañó hasta Chajarí, a donde llegamos cuando los relojes marcaban las 07:34. Fuimos recibidos, como era de esperar, por una multitud... muchos de ellos escolares.

 

 

Chajarí (km. 584,7), es una localidad muy pintoresca, una de las mas bellas de Entre Ríos, y se ubica muy cerca del río Uruguay y el Mocoretá. Este último brazo de agua divide Entre Ríos de su vecina Corrientes. Por ende, esta es la última localidad entrerriana.


La presencia de un tren de ALL en la estación (con la 7921), nos hizo desviar hacia vía tercera, haciendo el carguero una suerte de muralla (que separaba al Gran Capitán de una multitud impresionante) por la que muchos treparon sin titubear. Por suerte, los vagones que quedaron a la altura del andén eran playos. Por lo tanto, no obstaculizaron la visión del Gran Capitán, que llegaba honrado en su conmocionado peregrinar por las tierras mesopotámicas.

 

 

A nuestra derecha, una multitud de escolares de una escuela privada, revoloteaba contenta por la calle y sobre el puente peatonal, que permite unir ambos lados de la ciudad. Esta vez, el escuálido puente fue utilizado como mirador de un evento que hace una década era algo habitual.

 

 

Las autoridades chajarienses casi "secuestraron" al tren. Pese a que la intención era detenerse unos muy pocos minutos, fue imposible continuar la marcha. Al igual que una señal de peligro, comprendí que la emoción en tanta cantidad también puede detener un tren.


Allí, en Chajarí, cuando el sol apenas asomaba por el Este, el tren celeste y blanco fue devorado por la multitud. Un locutor relató primero, micrófono en mano, la entrega de un crucifijo "para que acompañe y proteja siempre al Gran Capitán". Luego, entre lágrimas que asomaban de los ojos de todos los presentes, anunció la entrega de cajones de cítricos "para que el esfuerzo de la gente de la región nunca falte en el Gran Capitán", mientras varios voluntarios cargaban kilos y kilos de naranjas en el furgón.

 

 

Con aplausos, gritos y largos bocinazos, el Gran Capitán partió hacia el norte. Pero ya no era el mismo. Las emociones y las historias que ahora transportaban la 7911 y cada uno de los coches -y que seguiría recolectando pueblo por pueblo hasta Posadas- lo habían convertido en una verdadera leyenda que, en minutos, una vez dejado atrás el manso Mocoretá, llenaría de éxtasis a los correntinos.

 


 

    Mocoretá - Monte Caseros   

 

A las 08:15 del viernes 26 de Septiembre, el Gran capitán arribó a Mocoretá, la primera estación en territorio correntino, a 600 kilómetros de Lacroze.


Los pobladores, que durante el día anterior habían seguido el recorrido del tren por los medios televisivos, al fin recibían al Gran Capitán, que se detuvo por unos pocos minutos. El paisaje había cambiado nuevamente. Empezaban a dominar la escena los naranjales, que nos acompañarían durante toda la jornada.


El pueblo de Mocoretá, está ubicado sobre unas bellas lomadas, que lo vuelven muy pintoresco. En la playa de cargas, algunos vagones atiborrados con maderas esperaban el momento de partir hacia el sur para ser descargados en Basavilbaso.

 

(Vagón de ALL con troncos para Basavilbaso, en la vía segunda de la estación Mocoretá. Foto: Fede Pallés)

 

A pesar de las pendientes que veníamos tomando hace rato, en este lugar estábamos apenas a 9 metros sobre el nivel del mar, según pudimos medir con el GPS. Pocos kilómetros a nuestra derecha, nos acompañaba (desde que salimos de Concordia) el río Uruguay, límite nacional.


Como en el resto del recorrido, mientras en los rostros de los grandes se dibujaba toda clase de emociones, en el de los chicos ganaba el asombro. "¿Es cómodo adentro?", preguntaban estación tras estación, como si se tratara de un guión ya preparado. -¿Ustedes ya habían visto un tren de pasajeros?, preguntamos a tres, que no tendrían ni diez años. -No -contestó uno de ellos-. ¿Y usted ya vio muchos?...


Bocinazos, aplausos, llanto y la 7911 sumó puntos nuevamente para lanzarse en su gira por los pueblos correntinos. Esta vez, a una velocidad muy buena (75 km/h.) si la comparamos con la que alcanzábamos anteriormente. El bramar de la GM, sin embargo, nos decía algo... Estábamos subiendo una importante cuesta que nos dejó a 80 metros sobre el nivel del mar. Esta información llegaba a nuestro GPS; una herramienta muy útil para viajes de exploración como estos.


Luego de recorrer 26 kilómetros desde Mocoretá, sorteando cuchillas y desniveles, arribamos a Juan Pujól a las 08:47, estación en la que el Gran Capitán de los años '80 se detenía unos instantes.

 
La vecindad rural nos recibió con una enorme bandera que decía "Queremos que pare en Pujol". El pueblo no solo se acercó a festejar el regreso del tren, sino que vino a hacer este petitorio a las autoridades que viajaban a bordo y al gobernador, que abordó la formación aquí. Mientras esperábamos que este político llegase en su 4x4 a las instalaciones ferroviarias, el intendente del departamento de Monte Caseros (el famoso Rubén Cornaló) subió al tren y recorrió los coches hasta que, por su puesto, finalizó su tour en nuestro amigo, el S 1579.

 

    Sobre la estrella del viaje...   

 

Con Fer hacía rato que veníamos con ganas de subir a la "estrella del viaje"... Me refiero a la GM 7911, que con sus 1500 HP tiraba noblemente la formación. Bajamos al andén y, tras caminar entre el aglomeramiento de pujolenses que colmaba la estación, subimos a la cabina de la 7911. Nuestra estadía duro solo unos segundos, en los que alcanzamos a hacerle unas preguntas al conductor. Así, pudimos enterarnos de que estábamos en manos de delegados gremiales del sindicato de "La Fraternidad", que eran empleados de ALL, que las yuntas de maquinistas entre Buenos Aires y Posadas cambian en Concordia y en Monte Caseros y que conducir el tren de pasajeros nuevamente le hacía sentir a Miguel Cardozo (así se llamaba el conductor) ese "sentimiento de responsabilidad especial"; justo a él que, agregó, vio "morir el tren de pasajeros y ahora lo veo renacer".


La charla, como dije, se interrumpió pronto, ya que justo subió el Secretario de Transporte (Ricardo Jaime) y, obviamente, debimos ceder el espacio... ¡Pero qué mejor que eso! Nos mandaron al pasillo lateral, un lugar espectacular para disfrutar del paisaje y saciarse con el diesel en las espaldas a todo bramar. 


Al final, parece que llegó el gobernador (en realidad, yo no sabia a quién esperábamos) y retomamos la marcha.


¿Notaron que en cada parte del viaje estábamos próximos a un "clímax"? Bueno, en esta ocasión, nos estábamos acercando a la localidad de Monte Caseros, uno de los pueblos ferroviarios mas importantes de la línea. Sin dudas, hacer un viaje en el Gran Capitán es como ver un largometraje: hay una infinidad de puntos de giro que nos llevan, poco a poco, al desenlace.


Con Fer nos felicitamos por la idea de haber subido a la locomotora... No es fácil explicar lo gratificante que es trepar una pendiente y escuchar el incansable diesel de una GM, demostrando toda su potencia para tirar unas 400 Tn. que llevaba a sus espaldas... Fue espectacular. Yo, por lo menos, viajaría horas y horas parado en el pasillo de la máquina y creo que no me aburriría.

 

(El Gran Capitán se detuvo en el Apeadero Labougle, ante un festivo recibimiento. Foto: Fede Pallés)

 

A las 09:35 tomamos una curva y pudimos ver, a lo lejos, el Apeadero Labougle (km. 643,6), un pequeño pueblo por el que el viejo Gran Capitán pasaba de largo. Un centenar de colegiales se agolpaba sobre el andén con banderas y carteles... Seguramente, era la primera vez en sus vidas que veían un tren de pasajeros. ¿Se imaginan lo que debe ser tener 12 años y ver por primera vez algo que para nosotros es más que conocido?


La multitud blanca y con banderitas celestes parecía en calma, hasta que la 7911 emitió un fuerte bocinazo, que cruzó la campiña correntina. Aquella mancha blanca pareció desperezarse. Empezaron a agitarse las banderas y, aun con el rugido del motor en el hombro pudimos escuchar los gritos.

 

 

La GM contestó con más bocinas y la multitud con más gritos. ¿A qué clase de diálogo estábamos asistiendo? ¿Qué profunda y particular comunicación se establece entre la gente y "su" tren, un viejo conocido, un familiar imprescindible que se había ido lejos y se lo extrañaba tanto, tras diez años de su partida? Como en el resto del viaje, en Labougle apareció la emoción, en su presentación más pura.


El edificio de la estación se veía abandonado y depredado, defecto que observamos en unas cuantas estaciones del recorrido. Sucede que, cuando se privatizó la línea, no sólo se eliminaron los trenes de larga distancia, sino que se clausuraron las estaciones y se dejó cesante al personal, dando paso a un nuevo sistema: el "Reglamento Operativo". Este sistema hace que los trenes circulen por medio de precarias ordenes de radio, teléfono, o por seguimiento satelital, y que los maquinistas, por ejemplo, deban bajar a hacer los cambios en las pocas estaciones habilitadas para cruzadas. En definitiva, una currada para ahorrar plata y obtener ganancias fácilmente.


Nuevamente nos pusimos en marcha a orillas del río Uruguay... No lo veíamos, pero estaba muy cerca. A nuestras espaldas, el diesel de la GM empezó a tomar carrera para mover una vez más a este glorioso Gran Capitán, que ya venía acumulando un mar de emociones y esperanzas.


Entre el ruido y el viento, Fer me contó que en Monte Caseros se había declarado asueto por nuestra llegada... Una lágrima de emoción se desprendió de mis ojos, y no precisamente por el viento que me acariciaba la cara... No podía contener la expectativa que me provocaba la proximidad de aquélla mítica ciudad, que de chico miraba en los mapas, e imaginaba como un mágico nudo ferroviario.

 



    Monte Caseros - Corrientes   

 

 

A lo lejos, empezamos a divisar un casco urbano... Raudamente nos acercamos y, de pronto, empezamos a ver un centenar de vagones de carga, pero puestos de manera oblicua a la vía en que marchábamos. Eran los célebres talleres de Monte Caseros... ¿Cómo es que están dispuestos de esa forma?. La explicación la obtuvimos un poco mas adelante: para acceder a la estación debimos tomar una curva de 90 grados... ¡Un clásico del Urquiza! (¡El CGBA se quedó corto!). En esa curva, avistamos a la multitud, que aguardaba ansiosa la llegada del tren.

 

 

(El Gran Capitán de TEA arribó a Monte Caseros a media mañana. Foto: Marcelo Soto)

 

Era de esperarse un recibimiento de esta magnitud, si tenemos en cuenta que en cualquier pueblo por el que pasamos contábamos a cientos de personas. Así, cuando los relojes daban las 09:53 de la mañana, nos detuvimos en el andén de Monte Caseros, a 655,4 kilómetros de Lacroze. La cantidad de gente que se presentó allí esa mañana, fue impresionante. Esto prometía una larga estadía.


Da una sensación muy extraña ver gente aplaudiendo con euforia pero, a la vez, largando lágrimas como chicos... Y en algunos casos, con los hijos al lado, mirando con asombro la actitud de sus padres.

 

 

Monte Caseros era un pueblo ferroviario, ya que allí se sitúan los talleres de vagones en el que trabajaban miles de obreros. Hoy, ALL lo utiliza con los mismos fines pero, obviamente, con un plantel muy reducido. El panorama que observamos desde la playa no era muy alentador: filas y filas de vagones radiados y canibalizados se posaban bajo el sol correntino. La escena se completaba con la presencia de un depredado locotractor Afne Cockerill (GT 10912, Nº043 a1980 Allison transmisión serial 1210070246 - part. Nº 23011231 - model Nº TC 854) sobre una chata oxidada.


Como tengo un amigo que se dedica a tomar nota de placas de motores y datos un poco mas "detallados", le hice el favor de aprovechar mi presencia en este pueblo para llevarle esa información, que difícilmente hubiese podido conseguir (para vos, Elvis). En el predio, además, se encuentran dos GE desmanteladas: la 6939 y la 6921.


El abandono que sufren las instalaciones ferroviarias de este pueblo, al menos se vieron opacadas por el festejo que trajo aparejado la llegada del tren de pasajeros tan añorado.
 

 

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*  FEDE PALLÉS  *  SATÉLITE FERROVIARIO  *

 
 

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